Porque el hombre tiene en sus manos el poder para abolir toda forma de pobreza. (JFK, Discurso de toma de posesión 1961)

Wednesday, October 28, 2009

UNA LIBERTAD SECUESTRADA (Publicada en Criterio Diario)


La libertad de los hidalguenses ha sido secuestrada por la mediocridad de nuestros gobernantes. El día de ayer, una ciudadana, Xóchitl Gálvez, se atrevió a romper el paradigma, se atrevió a emprender una marcha que puede darle un giro a más de 70 años de historia.

La verdadera libertad se expresa en un conjunto de oportunidades para ser, actuar y para elegir con autonomía. Hoy, este concepto no existe entre los hidalguenses.

Mientras el ingreso promedio de la población ocupada en el estado sea de aproximadamente 2 salarios mínimos; mientras dos terceras partes de los hidalguenses no tengan derechohabiencia a servicios de salud; mientras el 50% de nuestros paisanos no tengan educación básica completa; mientras el 13% de nuestra población de 15 años y más sea analfabeta; mientras el 18% de las viviendas no cuenten con drenaje; mientras Hidalgo permanezca entre los cinco estados de mayor marginación, así como entre los más desiguales del país y de América Latina, no podemos hablar de un Hidalgo libre.

No podemos hablar de un Hidalgo libre, cuando nuestros jóvenes se integran al mercado laboral en condiciones precarias. Es vergonzoso que el 80% de nuestros jóvenes que trabajan o han trabajado, no tienen o tuvieron contrato de trabajo. Alrededor de la mitad no contó con prestación alguna; menos del 3% tuvo servicio médico otorgado por parte de su trabajo y el salario base tan sólo se le dio al 40% de los que trabajaron.

Tampoco podemos hablar de libertad cuando la necesidad de trabajar es la segunda causa del abandono de la escuela en Hidalgo. No podemos hablar de libertad cuando el 27% de los jóvenes deja de estudiar a causa de que el padre ya no puede pagar los estudios y cuando el 71% de ellos le gustaría regresar a estudiar porque les gustaría aprender más para conseguir un mejor empleo para vivir mejor.

No hay libertad si nuestros trabajadores, comparados con los estados punteros del país, perciben 55 por ciento menos por una hora de trabajo y nuestros empresarios reciben 2.2 veces menos ingresos en promedio.

Décadas de gobierno de un mismo partido han sido incapaces o no han querido darnos estas libertades. La paciencia de muchos hidalguenses se ha terminado. Ahora, 16 mil hidalguenses parten cada año a los Estados Unidos en búsqueda de mayores oportunidades. Si seguimos igual ¿Cuántos serán mañana?

El destino de Hidalgo no es estar al final de la fila. Si bien el destino es el que baraja las cartas, nosotros los que las jugamos. Llegó el momento en que los ciudadanos juguemos nuestro juego, pues nuestra historia será lo que hagamos. Si hoy no nos atrevemos a hacer los cambios necesarios, entonces en unos años la historia tomará revancha y su castigo no será flojo al atraparnos.

El diagnóstico de los problemas de Hidalgo está en la mesa, de nosotros dependerá definir el camino a seguir, pues como dijera Cayo Casio a Marco Junio Bruto “La falla, Bruto, no está en las estrellas, sino en nosotros”

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CAMBIO (Publicado en Criterio Diario)

En los últimos días se ha despertado un debate sobre el rumbo que ha tomado la economía del estado. Los argumentos de dos grupos que se contraponen parece nos sitúan en la disyuntiva de seguir con la inercia y administrar lo alcanzado, o asumir cambios profundos en la manera de hacer las cosas. En lo personal, me inclino por un cambio sustancial que no se limite por los cálculos políticos, que por muchos años han sumido a Hidalgo en la mediocridad.

En los últimos años, sin lugar a dudas, se han logrado avances importantes. Sin embargo, el Hidalgo que aspiran ver muchos jóvenes va más allá, dejando claro que lo logrado es claramente insuficiente.

Al ritmo que está creciendo nuestra economía nos tomaría 65 años alcanzar los niveles de desarrollo observados en Querétaro o Aguascalientes; mientras que en el mismo periodo de tiempo, estas entidades habrían multiplicado por 7 y 5, respectivamente, su nivel de ingreso por habitante.

Es la hora de cambiar, porque si no lo hacemos, nuestros hijos y nietos son los que pagarán las consecuencias.

Si queremos que los jóvenes que hoy se encuentran en las aulas, no se gradúen con un diploma de desempleado y sean ellos quienes creen nuevas fuentes de trabajo, tenemos que crecer 7 veces más cada año. Esto es, cada año tenemos que invertir lo suficiente para que nuestra producción de bienes y servicios crezca 7 veces más rápido respecto a lo que observamos anualmente.

Solamente a este ritmo en el 2020 lograremos estar al nivel de los estados que lideran el crecimiento de nuestro país.

Un cambio de esta magnitud no se logra con pequeños pasos, sino con reformas a nivel local que rompan con los obstáculos que por más de 70 años han permanecido arraigados en Hidalgo.

Parafraseando al Presidente Calderón y haciendo un símil con la situación que vive el país, Hidalgo también requiere pasar de la “lógica de los cambios posibles, limitados siempre por los cálculos políticos de los actores, a la lógica de los cambios de fondo, que nos permitan romper las inercias y construir, en verdad, nuestro futuro.”

Son tiempos de acabar con los mitos que existen sobre Hidalgo. Es tiempo de mostrar que existe el capital humano necesario para detonar crecimiento. Es tiempo de mostrar que nuestros empresarios son capaces de innovar, de generar valor y brillar a nivel nacional e internacional. Son tiempos de mostrar nuestros dirigentes saben planear, que tienen visión de largo plazo, que son transparentes, que saben rendir cuentas y sobre todo, que son capaces de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Para que Hidalgo cambie de fondo, no basta con un discurso de un secretario de gobierno estatal. Tenemos que cambiar todos. Tenemos que hacer que la voz de todos los hidalguenses, nuestros mejores jueces, tengan un canal real que nos ayude a redefinir prioridades y establecer el ritmo de los cambios que necesitamos implementar.

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¿ES HORA DE UN CAMBIO? (Publicado en Criterio Diario)


Nuestra economía está cambiando con rapidez y esto significará tiempos difíciles para los jóvenes. En este espacio, muchos lectores han compartido sus historias sobre la pérdida de empleo, la caída de sus salarios, de sus ahorros, los apuros que pasan para pagar la escuela de sus hijos, entre otros. Al final, la pregunta siempre es la misma ¿Qué hacer?

Paradójicamente, por muy desafiantes que parezcan, la magnitud de nuestros problemas no es lo que más debería preocuparnos, pues el origen de nuestro atraso no radica en las condiciones que imperan, sino en la pequeñez de nuestra política.

Nuestro país se ha enfrentado a retos importantes en todos los ámbitos. Como federación, hemos emprendido estrategias para superarlos y ha correspondido a cada gobierno local el implementarlas. Hoy, al compararnos con el resto del país el balance es negativo, lo cual nos lleva a preguntarnos ¿Es a causa de los hidalguenses o del liderazgo de nuestros dirigentes locales?

La migración a los Estados Unidos y al interior de la República mexicana nos muestra que no es un problema de capacidades ni de ganas de los hidalguenses. Tampoco es un problema de organización por parte de la sociedad civil, pues hemos venido presenciando múltiples casos de negocios exitosos en propiedades comunales.

Desafortunadamente cuando se habla de política la historia es otra.

Nuestros líderes parecen incapaces de trabajar juntos, en forma práctica y con sentido común. La política dejo de ser pragmática para hacerse partidaria, a tal grado que no se han resuelto los grandes problemas que demandan soluciones. Las estadísticas hablan por sí solas.

El cambio que requiere la política pública demanda madurez política para salir de una dinámica de autoelogios. Para ello, necesitamos tener políticos con la razón suficiente para escuchar y cambiar lo que está mal. Necesitamos políticos que dejen de lado aspectos ideológicos y se centren en crear oportunidades iguales para todos. Se requiere sentar en la mesa a los adversarios políticos, escucharlos y darle entrada a sus exigencias en materia de transparencia y rendición de cuentas ¿Por qué? Simplemente porque esas, entre otras medidas, nos llevarán a contar con un mejor gobierno.

En materia económica implica escuchar a los empresarios que han salido de la entidad, a los emprendedores que no hemos podido atraer. Las críticas son las que nos llevarán a identificar nuestras fallas y corregirlas, a menos que exista otro tipo de incentivo detrás.

Cuando la gente cree que existe una mejor manera de hacer las cosas y están dispuestos a trabajar por ello, ese es el momento de cambiar de paradigma. Quizás ese sea el momento de cambiar de visión y de cambiar a aquellos que aseguran vamos por el camino correcto.

La dinámica económica no se detendrá a esperarnos y la factura no será cargada a aquellos que no supieron tomar las decisiones acertadas en el momento adecuado. El costo lo asumiremos todos, en especial los jóvenes, quienes tendrán que enfrentarse a un mundo cada vez más competitivo.

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LA POLÍTICA Y EL FUTBOL DE LA PRIMARIA (Publicado en Criterio)

(Segunda parte)

Nuestros políticos son niños de primaria jugando futbol. Como lo comentábamos la semana pasada, no vemos un estratega detrás de la política pública, sino una nube de políticos detrás de un balón que se llama crisis y paquete fiscal.

Tanto a nivel nacional como a nivel estatal, necesitamos un estratega que trace –aún en estos momentos de crisis- las directrices de largo plazo y que ponga orden en la cancha.

La semana pasada hablábamos sobre la necesidad de reestructurar nuestro esquema comercial y estructura productiva, que reveló la crisis. Lo anterior cobra particular importancia en un contexto de transición demográfica.

Hoy, corremos el riesgo de llegar al año 2050 como un país de viejos y pobres. De no implementarse las medias necesarias, el bono demográfico, que hoy representa una ventaja, mañana podría convertirse en una pesadilla.

Es por ello que ante el panorama que se atraviesa, se requiere actuar para darle una oportunidad de desarrollo real a la mayor generación de jóvenes mexicanos. Lo anterior implica cambiar las estructuras económicas básicas. Necesitamos movernos de una economía maquiladora y de producción básica –que fue la base del crecimiento que vivieron nuestros padres- a una economía del conocimiento, apta para la nueva generación. Se requiere generar más valor agregado que se refleje en menores precios, mayores salarios e ingresos públicos, mismos que servirán para mantener a nuestros padres y abuelos en un futuro no muy lejano.

¿Vamos por el camino adecuado para lograrlo?

La respuesta es no. La competitividad de México sigue deteriorándose. Actualmente nos ubicamos en la posición 32 de los 48 países que medimos en el Índice General de Competitividad. Desde 2004 es la medida más baja que se ha tenido. La caída se explica por la pérdida de confianza, por eventos como el conflicto de 2006 en Atenco; la crisis política de las últimas elecciones presidenciales y la falta de estabilidad, representatividad y credibilidad de nuestro sistema político.

Aunado a lo anterior, se encuentra el menor dinamismo económico en nuestros sectores de servicios y de alta tecnología, que se explica por la falta de competencia en prácticamente todos los sectores, la falta de generación de talento e innovación. Asociado a esto tenemos la rigidez observada en sectores como el energético, laboral, la tenencia de la tierra, el mal manejo que hacemos de nuestros recursos naturales y nuestra alta dependencia comercial con Estados Unidos.

La salida de la crisis tendrá que ser completamente distinta a la acostumbrada. A diferencia de otras, no hay un consumo norteamericano que fortalezca a nuestro sector exportador, ni tampoco una fila de instituciones financieras internacionales buscando financiar nuestro rescate a cambio de reformas económicas.

Las necesidades son muchas y se requiere priorizar. Por ello la pregunta del millón es ¿Por dónde empezamos?
Desde mi punto de vista todo comienza transformando nuestro sistema político. Es necesario que éste refleje la voluntad del pueblo y no los intereses de unos cuantos.

Cuando esto suceda, llegarán al poder intereses legítimos de cambio y estrategas. Gente que si va a saber cómo jugar futbol de manera profesional.


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LA POLÍTICA Y EL FUTBOL DE LA PRIMARIA (Publicado en Criterio Diario)

(Primera parte)

Desafortunadamente, muchas veces la política pública se parece a los partidos de futbol de la primaria. Si usted tuvo la oportunidad de presenciar o vivir una experiencia de este tipo, seguramente recordará, que a diferencia de un equipo profesional, más que ver una estrategia de juego, solo se veía una nube de niños detrás del balón.

Si usted revisa los diarios locales y nacionales verá el mismo fenómeno. Casi todos nuestros políticos y gobernantes están corriendo detrás de un balón que se llama crisis y paquete fiscal; dejando de lado la pregunta del millón ¿Y luego?

La crisis financiera internacional que vivimos marcará un punto de inflexión en la evolución de la economía global para nuestro país. De acuerdo al Instituto Mexicano para la Competitividad, México es la economía más dependiente del consumo de los norteamericanos y tendrá sectores enteros que no recuperarán las tasas de consumo sino hasta dentro de 10 años. En palabras del Gobernador del Banco de México: “México será la economía más golpeada de América Latina”.

Independientemente de las tasas de recuperación de los próximos años, el deterioro de los ahorros de las familias norteamericanas del 60% y los mayores impuestos para pagar el peor déficit fiscal en la historia de nuestro vecino, implican cambios de largo plazo en los patrones de consumo de los norteamericanos.

Lo anterior implica una menor demanda en todos los bienes, sobre todo en aquellos que coinciden con nuestras principales exportaciones a Estados Unidos. Por ejemplo, se estima que el gasto en automóviles tardará más de una década en regresar al nivel que tenía en 2008, y podría demorar más si la recuperación de la economía es más lenta de lo previsto.

Las exportaciones mexicanas de ensamblaje y manufactura de autos, camiones, electrodomésticos y aeronaves, principalmente a Estados Unidos, cayeron drásticamente en fechas recientes y representan cerca del 80% de las exportaciones no petroleras.

Además de la caída en estas exportaciones también cayó el gasto en turismo, la entrada de remesas y se recibió una menor inversión extranjera directa.

Bajo este escenario y partiendo de que múltiples localidades al interior del país se quieren constituir como centros logísticos, vale la pena preguntarnos ¿van a seguir siendo rentables estas inversiones?

Ante esta nueva realidad, se deben emprender dos acciones prioritarias: redefinir nuestra política comercial e integrar digitalmente a México. Este último punto es de vital importancia en virtud de que la crisis provocará que con mayor rapidez las tecnologías de la información se conviertan en el vehículo más importante para la integración económica mundial.

Para ello, es necesario modificar el marco regulatorio actual a fin de generar mayor competencia, fomentar la convergencia tecnológica, pero sobre todo, modificar nuestro enfoque en la educación superior y media superior. Si no alfabetizamos a nuestra población en el idioma binario que entienden las computadoras y en ciencias básicas, en un par de años tendremos que pagar las consecuencias.

¿Nos estamos realmente preparando para esta situación o nos encontramos perdidos en la masa detrás del balón? La próxima semana seguiremos con el tema.

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Friday, October 2, 2009

84 PROPUESTAS INDECOROSAS

(Tercera parte)

Estimados Legisladores,

En las últimas semanas hemos venido hablando sobre las 84 iniciativas para enfrentar la crisis, que tuvieron a bien dar a conocer. Desde esta columna, quiero invitarlos a reflexionar sobre un componente ausente en sus propuestas, el saber gastar.

Hoy, millones de familias pagan por salud porque los servicios que provee el estado no son efectivos; pagan por educación privada y cursos de regularización porque la educación que brinda el gobierno es ineficiente; tienen que pagar un soborno para recibir un servicio público, y la lista puede continuar.

Nos ha quedado muy clara su postura: no más impuestos. Sin embargo ¿Cuál es su propuesta para eliminar los impuestos indirectos que pagamos por la ineficiencia en la provisión de servicios públicos y la corrupción?

La corrupción nos cuesta más de 27 mil millones de pesos al año, equivalente a una cuarta parte de lo que costaría sacar de la pobreza extrema a Oaxaca, Chiapas y Guerrero juntos.

Reducir el costo de la corrupción no debe ser un tema que se quede tan solo en el discurso, mucho menos en Hidalgo que se encuentra prácticamente en la mitad de la tabla del Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno. Acabar con la corrupción en los trámites públicos ampliaría sensiblemente la capacidad de gasto de los hogares.

De acuerdo con Transparencia Mexicana, los hogares mexicanos destinan hasta el 8% de su ingreso a pagar mordidas. Peor aún, para los hogares con ingresos de hasta un salario mínimo, este “impuesto” representó el 18% de su ingreso.

Además de estas erogaciones “para que salgan las cosas rapidito”, están aquellos servicios que pagamos con impuestos y que a la hora de la hora, tenemos que volver a pagar porque estos no funcionan.

La efectividad la política de salud, se puede medir por la ganancia en salud que le aporta a la población el sistema. Por ejemplo, si a través de una intervención determinada se puede aumentar en 2 años la esperanza de vida de la población, y en la práctica es lo que se observa, podríamos decir que el sistema tiene una efectividad del 100 por ciento.

De acuerdo a un artículo publicado en The Lancet, revela que en promedio la ganancia en salud que le aporta el sistema de salud mexicano a la población es tan solo del 60%. En otras palabras, estamos pagando 100% el costo de un tratamiento y en la práctica recibimos el 60% de su efectividad.

Y qué decir de la educación. Se ha venido invirtiendo cada vez más sin obtener los resultados deseados.

Hoy, alardeamos de que estamos invirtiendo 481,683 millones de pesos en la educación de 25 millones de mexicanos y que hemos logrado invertir en la educación el 4% del Producto Interno Bruto.

Desafortunadamente, muchos de estos recursos se van a la basura. De acuerdo a las estadísticas del Concurso Nacional de Asignación de Plazas Docentes, tan solo el 25% de los profesores que presentaron la evaluación tuvieron un resultado aceptable. En Hidalgo fue el 22%. Si extrapolamos este resultado, tendríamos que 6 profesores de cada 10 que instruyen a los niños de nuestro país, no cuentan con la preparación correcta. Sin embargo, se les paga como si la tuvieran.

Si queremos acabar con la mediocridad en el desarrollo, tenemos que acabar con la mediocridad de la política. Quizás eso sea más efectivo que 84 propuestas indecorosas.

84 PROPUESTAS INDECOROSAS (Publicado en Criterio Diario)


(Segunda parte)

Estimados lectores, en esta ocasión quiero comenzar con una pregunta –bastante lógica- que nos hiciera un lector de ésta columna.

“Sorprende la agudeza intelectual de nuestros diputados para haber logrado seleccionar 84 propuestas (…) yo me pregunto dado mi limitado entender ¿Por qué no 85, 100 o 1000? (…) Si no pueden sacar UNA sola reforma bien, como la fiscal ¿cómo le van a hacer con 84?”

Si no tuvo la oportunidad de leernos la semana pasada, permítame decirle que el comentario tiene como base un artículo que escribimos sobre las 84 propuestas para enfrentar la crisis, que el grupo de diputados del PRI de nuestro estado tuvo a bien dar a conocer hace algunos días.

Coincido plenamente con nuestro lector. 84 iniciativas son todo y nada. Se deben priorizar los esfuerzos legislativos. De este modo, si el objetivo de nuestros diputados es sacar al país y nuestro estado de la mediocridad económica, no se hagan bolas –como diría un ex -mandatario-, hay que enfocarnos en lo que realmente importa.

Desde mi particular punto de vista, cuatro son las reformas que realmente la hacen falta a nuestro país.

La primera es el combate a los monopolios, pero no sólo los económicos. El estado mexicano se fortaleció gracias a los monopolios y oligopolios. Presidentes, gobernadores, diputados y demás funcionarios se veían obligados a “concertar” políticas con sindicatos, líderes de empresas paraestatales, grupos industriales y demás, a cambio de su apoyo para perpetuarse en el poder (otro monopolio).

Hoy, dicho modelo está en crisis. Al perderse la estructura copular del partido único en el poder, muchos de estos grupos se han convertido en mercenarios de las políticas públicas generando costos estratosféricos para el país. ¿Cuánto? Tomemos tan solo algunos ejemplos.

De acuerdo a un estudio de la OCDE y la UNAM, se estima que el costo social del monopolio de Telmex tan solo en la telefonía local es del 0.1% del Producto Interno Bruto (PIB), esto es unos 12 mil millones de pesos al año.

Pero dicho costo no es nada comparado con los provenientes de los monopolios estatales. La constante pérdida de productividad y su pesada estructura burocrática, nos cuestan anualmente una fortuna. Por ejemplo, de acuerdo a la Auditoría Superior de la Federación, Luz y Fuerza del Centro requerirá el próximo año un subsidio por parte del gobierno federal de aproximadamente 40 mil millones de pesos.

Ligado a este aspecto se encuentra su pasivo laboral, que por muchos años se fue incrementando gracias a las prerrogativas otorgadas a los sindicatos por los gobiernos en turno -principalmente entre 1960 y 1980-.

Para darnos una idea de la magnitud del problema, de acuerdo al Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, si sumamos lo que nos cuesta los pasivos laborales del IMSS, LFC, ISSSTE, PEMEX y otras paraestatales, este sería 3.2 billones de pesos - 27% del PIB- que al año generan una erogación de aproximadamente 55,600 millones de pesos.

No necesitamos subirles los impuestos a los empresarios y a las familias para entrarle de lleno a los monopolios y eficientar su operación. Lo que se requiere es voluntad política.

La próxima semana seguiremos con el tema.


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