La libertad de los hidalguenses ha sido secuestrada por la mediocridad de nuestros gobernantes. El día de ayer, una ciudadana, Xóchitl Gálvez, se atrevió a romper el paradigma, se atrevió a emprender una marcha que puede darle un giro a más de 70 años de historia.
La verdadera libertad se expresa en un conjunto de oportunidades para ser, actuar y para elegir con autonomía. Hoy, este concepto no existe entre los hidalguenses.
Mientras el ingreso promedio de la población ocupada en el estado sea de aproximadamente 2 salarios mínimos; mientras dos terceras partes de los hidalguenses no tengan derechohabiencia a servicios de salud; mientras el 50% de nuestros paisanos no tengan educación básica completa; mientras el 13% de nuestra población de 15 años y más sea analfabeta; mientras el 18% de las viviendas no cuenten con drenaje; mientras Hidalgo permanezca entre los cinco estados de mayor marginación, así como entre los más desiguales del país y de América Latina, no podemos hablar de un Hidalgo libre.
No podemos hablar de un Hidalgo libre, cuando nuestros jóvenes se integran al mercado laboral en condiciones precarias. Es vergonzoso que el 80% de nuestros jóvenes que trabajan o han trabajado, no tienen o tuvieron contrato de trabajo. Alrededor de la mitad no contó con prestación alguna; menos del 3% tuvo servicio médico otorgado por parte de su trabajo y el salario base tan sólo se le dio al 40% de los que trabajaron.
Tampoco podemos hablar de libertad cuando la necesidad de trabajar es la segunda causa del abandono de la escuela en Hidalgo. No podemos hablar de libertad cuando el 27% de los jóvenes deja de estudiar a causa de que el padre ya no puede pagar los estudios y cuando el 71% de ellos le gustaría regresar a estudiar porque les gustaría aprender más para conseguir un mejor empleo para vivir mejor.
No hay libertad si nuestros trabajadores, comparados con los estados punteros del país, perciben 55 por ciento menos por una hora de trabajo y nuestros empresarios reciben 2.2 veces menos ingresos en promedio.
Décadas de gobierno de un mismo partido han sido incapaces o no han querido darnos estas libertades. La paciencia de muchos hidalguenses se ha terminado. Ahora, 16 mil hidalguenses parten cada año a los Estados Unidos en búsqueda de mayores oportunidades. Si seguimos igual ¿Cuántos serán mañana?
El destino de Hidalgo no es estar al final de la fila. Si bien el destino es el que baraja las cartas, nosotros los que las jugamos. Llegó el momento en que los ciudadanos juguemos nuestro juego, pues nuestra historia será lo que hagamos. Si hoy no nos atrevemos a hacer los cambios necesarios, entonces en unos años la historia tomará revancha y su castigo no será flojo al atraparnos.
El diagnóstico de los problemas de Hidalgo está en la mesa, de nosotros dependerá definir el camino a seguir, pues como dijera Cayo Casio a Marco Junio Bruto “La falla, Bruto, no está en las estrellas, sino en nosotros”
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