Porque el hombre tiene en sus manos el poder para abolir toda forma de pobreza. (JFK, Discurso de toma de posesión 1961)

Wednesday, October 27, 2010

HIDALGO EN BLANCO Y NEGRO: LAS FINANZAS ESTATALES

Quinta parte

Si se diera una autonomía fiscal por entidad, Hidalgo quebraría.

Como cualquier empresa, un estado es financieramente viable si los ingresos que genera rebasan sus gastos.

En los últimos meses, todos hemos sido testigos de quiebras que nadie, incluyendo las agencias calificadoras de riesgo, esperaba. Empresas como Enron, Lehman Brothers o países como Grecia, meses antes de quebrar, contaban con buenas calificaciones crediticias, aparente solvencia y una buena administración. Sin embargo, como en el caso de Enron, de un día a otro, 20 mil trabajadores perdieron su empleo y se borró del mapa financiero una empresa con ganancias anuales de más de 100 billones de dólares.

¿Cómo pudo suceder esto?

Primero, por una mala administración en donde se les hizo muy fácil gastar mal y más de lo que tenían; y segundo, por la falta de transparencia en el gasto.

Estos dos aspectos, nos llevan a preguntarnos, si una empresa de estas magnitudes puede quebrar ¿Qué podría sucederle a un estado?

Desafortunadamente el proceso de descentralización en México no ha cumplido sus objetivos. Por un lado, existe una descentralización en lo referente a la provisión de bienes y servicios, pero no por el lado de la generación de los ingresos necesarios para solventar dicho gasto.

Actualmente, cerca del 90% del total de los ingresos que percibe nuestro estado provienen de transferencias federales (participaciones y aportaciones). Con un margen de maniobra menor al 10% de los ingresos, la autonomía fiscal del estado es mínima.

Desafortunadamente, Hidalgo no tiene incentivos para tener una mayor independencia financiera. Una mayor autonomía fiscal estaría acompañada de un aumento en el número de gravámenes, de un incremento en las tasas efectivas y ejercicios de fiscalización por parte del gobierno local. Estas acciones, traerían un alto costo electoral y administrativo que los estados no quieren asumir y que pueden fácilmente evitar, bajo el actual esquema de Coordinación Fiscal.

Por otra parte, una mayor autonomía conlleva a mejorar el proceso de rendición de cuentas y le exigiría al gobierno una mayor capacidad de respuesta hacia los electores. Hoy, es más fácil actuar con opacidad con transferencias recaudadas por otro nivel de autoridad, que con impuestos recaudados directamente en el estado.

¿Cómo es que llegamos a esta situación?

Año con año el Congreso de la Unión ha empujado un proceso de descentralización irresponsable. Mientras que en 1989 los estados pasaron de gastar una quinta parte del gasto total en el país, hoy gastan cerca del 50%, sin una clara corresponsabilidad en la generación de ingresos.

Es por ellos que Hidalgo pasó de niveles del 20% en autonomía fiscal a un nivel menor al 10%. Más aún, como bien apunta un estudio del Centro de Investigación y Docencia Económica, si se generara una autonomía fiscal, Hidalgo no podría sobrevivir financieramente con la estructura actual de gasto e impuestos, pues tendría un faltante de 5 mil millones de pesos al año.

Es decir, si se diera autonomía total, Hidalgo tendría que cargarle una deuda de 2,120 pesos por hidalguense al año, para que nuestro estado no quiebre.

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